6/2/17

Grupo cerrado Francisco Caballero de Zaragoza

Este ejemplo de urbanización cerrada es de la ciudad de Zaragoza, junto a la calle Luis Vives, llamado “Grupo Francisco Caballero”. Unos bloques de viviendas con siete décadas de vida, edificados en la zona en expansión de aquellos años, junto al Parque Grande José Antonio Labordeta, que han aguantado muy bien el paso de los años, con reformas y cuidados de sus comunidades de vecinos, hasta tener hoy unos excelentes ejemplos de urbanización cerrada de alta calidad, ya casi en la zona mejor de la Zaragoza actual, con zonas verdes interiores muy cuidadas, edificios de poca altura donde se puede convivir de forma cerrada dentro de una gran ciudad.

Tuvieron su origen en un concurso nacional convocado por el Ayuntamiento de Zaragoza en 1940 para la construcción de viviendas protegidas en una de las manzanas provenientes de los terrenos de la SZUC, para construir viviendas en régimen de protección, por lo que quedaría bajo la supervisión y aprobación del Instituto Nacional de la Vivienda.

Al concurso concurren proyectos firmados por arquitectos de reconocida valía en la ciudad, pero se elige y premia el plan presentado por dos jóvenes arquitectos zaragozanos con poca experiencia profesional previa: Alejandro Allanegui Félez (titulado en 1934 y muy vinculado a Regiones Devastadas) y José de Yarza García (titulado en 1933). La construcción del grupo de viviendas se realiza entre los años 1942 y 1945.

Los arquitectos proyectan 113 viviendas a partir de cinco tipos basados en tres modelos diferentes, con dos grandes patios interiores y una arquitectura semiabierta con facilidad para interactuar desde la casa a la calle. Las viviendas se diseñan como uso para una familia con hijos como módulo (la “Ley de protección a la vivienda” obligaba a ello). Como consecuencia, la vivienda más pequeña incluía, además de cocina, comedor y aseo, un dormitorio de matrimonio (capaz para contener una cuna) y dos habitaciones más para los hijos (cada una con capacidad para dos camas individuales).

Las viviendas se realizan con materiales modestos, y con servicios en los bajos como tiendas de proximidad de lo más básico, en una zona que estaba bastante despoblada en aquellos años, junto a los jardines interiores a modo de ocio y zona de juegos para niños. 

El segundo aspecto relevante es comprobar cómo en el proyecto están muy presentes los principios de vivienda mínima (en cuanto a condiciones de orientación, distribución o infraestructuras básicas) defendidos por el racionalismo constructivo.

En total el grupo proyectado era capaz para dar alojamiento a 794 personas, aunque nunca llegó a ocuparse completamente. La adscripción de las viviendas siguió un orden de prioridades que daba preferencia a los funcionarios del Ayuntamiento y de otras instituciones, quienes fueron los beneficiarios mayoritarios. La adjudicación se llevó a cabo mediante el sistema de venta, llegándose a acuerdos con la Caja de Ahorros de Zaragoza para que facilitase los préstamos necesarios a los nuevos propietarios.

Uno de los aspectos más atractivos del diseño de la manzana proyectada por Alejandro Allanegui y José de Yarza es su concepción a base de tres grandes bloques en L que se combinan de manera que generan dos patios interiores de diferente tamaño y comunicados entre sí, tanto para el acceso como para facilitar que los niños puedan ser vigilados en sus juegos desde las propias viviendas.

Al interior de los patios se accede a través de tres arquerías situadas entre los bloques de viviendas, solución que hace ganar en comodidad y en intimidad el funcionamiento de la vida diaria de los vecinos.
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