27/6/26

Edificio de Ludwig Beck, en Marienplatz, Munich


En algunos países de Europa, y también en algunas zonas de Cataluña, es habitual ver fachadas que se convierten en lienzos en donde construyen obras que recuerdan oficios, escenas urbanas de personas y de soldados a caballo. Es una manera de ofrecer un plus al hecho de pasear por una zona céntrica de algunas ciudades, con trabajos artísticos sobre las fechas de grandes casas con cierto poder.

Estas fachadas pertenecen a una tradición europea de decoración mural arquitectónica. En muchos casos se realizan mediante esgrafiado, una técnica que consiste en superponer capas de revestimiento de distintos colores y raspar la superior para formar dibujos y figuras. El resultado convierte la pared en una obra artística integrada en la arquitectura, a medio camino entre la pintura, el relieve y el ornamento urbano. Muy común por poner un ejemplo cercano en Martorell de Barcelona.

Lo que se ve en esa fachada no es simplemente “un dibujo pintado sobre la pared”, sino una forma de ornamentación mural integrada en la arquitectura. En el caso concreto de la imagen es Múnich, de la fachada del edificio de Ludwig Beck, en Marienplatz 11, cuya decoración fue diseñada en 1956 por el pintor y artista gráfico Max Lacher mediante una técnica compleja de sgraffito combinada con incrustaciones de piedra; sus motivos geométricos evocan decoraciones renacentistas de fachadas palaciegas. Un trabajo pues del siglo XX, y no antiguo.

El nombre técnico más útil para explicar este tipo de trabajo es esgrafiado —en italiano sgraffito, y en alemán también se usa ese término en contextos artísticos—. 

Consiste en aplicar varias capas de revoco o mortero de distintos colores y luego raspar o incidir la capa superior para que aparezca el color inferior y se formen dibujos, bandas, figuras o motivos ornamentales. Por eso el resultado está a medio camino entre la pintura y un relieve muy superficial: no es solo color, también es materia trabajada sobre el muro.

El esgrafiado es un arte decorativo de fachada que combina pintura, dibujo y trabajo sobre el revestimiento del muro para convertir el edificio en una superficie ornamental.

Eso explica por qué estas fachadas llaman tanto la atención. No son un adorno añadido sin más, sino una manera de hacer que la propia arquitectura “hable” visualmente, nos cuente historias o nos muestre personajes.

Conviene además distinguirlo de otra tradición centroeuropea parecida pero no idéntica: la Lüftlmalerei, típica del sur de Alemania y Austria. La Lüftlmalerei suele ser más claramente pintura mural al fresco o al temple sobre fachadas, muchas veces con escenas religiosas, figuras populares, marcos fingidos o arquitecturas ilusorias. En cambio, el esgrafiado depende más del raspado de capas y del juego entre colores del revestimiento. Las dos técnicas pueden parecerse a primera vista, pero no son exactamente lo mismo.

En ciudades europeas estas decoraciones tuvieron varias funciones a la vez. Servían para embellecer la casa, mostrar prestigio social, dar identidad a un edificio comercial o civil y, en muchos casos, enlazar con la tradición local. En esta fachada en Múnich, por ejemplo, la composición geométrica y las figuras no son casuales pues forman parte de un diseño pensado para convertir la fachada en una imagen reconocible del edificio qu son unos grandes almacenes.

En Cataluña esta tradición tiene un paralelo muy claro en los esgrafiats de muchas fachadas urbanas. Allí la técnica arraigó desde época moderna y tuvo un desarrollo importante en siglos posteriores, especialmente en contextos barrocos, neoclásicos y también en parte de la arquitectura del XIX y comienzos del XX. Barcelona conserva numerosos ejemplos de fachadas decoradas con este procedimiento.

25/6/26

Pequeña zona verde en Alemania. Espacio climático


Os voy a mostrar un ejemplo de un pequeño parque alemán, casi una plaza de barrio, un simple solar público, convertido en pequeño parque, en zona verde con muchas sombra.

Es un clásico ejemplo de esos parques que a veces os digo "en relieve" es decir, no planos, no pintados de verde hierba aunque sea césped natural.

Es una zona que tendrá unos 300 metros cuadrados. No más, pequeña, cerrada con una valla y una puerta abierta, con mucha sombra y diseñada con varios espacios diferentes para jugar niños o estar adultos a la sombra. Insisto, es Alemania, es decir un país que no sufre por el calor.

Piedras de tamaño mediano, zonas que simulan unos tabiques o muretes pequeños para sentarse, tierra, piedras, grava, poca vegetación en el suelo para poder aprovechar los 300 metros para pisar y correr los niños. 

La idea de "Esto No es un Solar" que se hizo en Zaragoza, bebía de esta idea, pero sin plantar árboles que dieran sombra. Pero iba por el buen camino, y una lástima que no se haya seguido desarrollando. 

Efectivamente, la idea de Zaragoza la hizo un partido político que ahora no está en el Ayuntamiento de Zaragoza. Lo sabemos y no somos capaces de ponerlo en valor.

24/6/26

Zonas verdes contra el calentamiento global, en las ciudades


En urbanismo existe una norma que es en urbanismo existe una norma llamada a la 3 - 30 - 300. Es poder ver 3 árboles desde tu ventana, tener un 30% de cobertura vegetal en tu barrio, y tener por lo menos un parque de más de una hectárea a menos de 300 metros de tu casa.

Un parque de una hectárea es un espacio de unos 10.000 metros cuadrados. Para los vecinos de Zaragoza y de La Jota, el parque del Royo del Rabal tiene unos 9.000 metros cuadrados, y el parque Oriente unos 50.000 metros cuadrados.

Eso es lo mínimo para que vivir en una ciudad donde no sea como vivir en un puñetero espacio no preparado para dar salud y dignidad a las personas.

Un estudio climático de Amig@s de la Tierra acaba de publicar un informe analizando 10 ciudades españolas y sí el resultado es como te lo imaginas, aunque mucho peor en todas las ciudades españolas.

Más del 60% de la población española no tiene acceso a zonas verdes de proximidad, por ejemplo que parece curioso, incluso en Valencia el 80% de los habitantes no lo tiene, al estar 640.000 personas sin un parque decente cerca de casa, a esa distancia de 300 metros.

En Zaragoza el 63% de sus habitantes no tiene un parque a menos de 300 metros, en Badajoz es el 60% en Sevilla el 55%, y en Madrid hay 2.000.000 de personas sin verde público a esa distancia que se indica como lógica.

El verde en algunas ciudades existe, pero a veces es privado, y el informe constata algo que no sorprende a nadie pero que conviene recordar. En los barrios con menos renta hay menos naturaleza por habitante en los barrios con más necesidades de todo tipo.

Las mismas que tienen menos de todos los servicios — qué casualidad— tan sistémica y cierta, y mientras, la solución que escuchamos es la de construir más más ladrillo, más cemento, más suelo asfaltado, que ni permite que el agua permee ni crea sombra, pero eso sí acumula energía térmica empeorando el famoso efecto isla de calor.

Las ciudades en el mundo ocupan solo el 2% de la superficie, pero generan el 70% de los gases de efecto invernadero. Ese efecto que hace que nuestras temperaturas cambien, y se creen efectos de mayores desastres naturales. Y peor salud para las personas.

Es posible que proponer construcción masiva como respuesta a la crisis de acceso a la vivienda, en pleno contexto de crisis climática, no sea en bruto la mejor de las opciones, y más sabiendo la cantidad de pisos turísticos y casas vacías que tenemos.

¿Cuántas localidades de Costa en España están 10 meses al año vacías, con decenas de miles de viviendas sin habitar mientras es imposible alquilar una vivienda en las grandes ciudades?

¿Y la solución es construir más viviendas sin servicios ni calidad suficiente, en esas mismas ciudades grandes y calurosas?

Lo que sí necesitamos es que las ciudades sean un lugar para vivir, no para especular e intentar que cada solar vacío no se convierta en un hotel para turistas que vienen y van, sino en un refugio climático comunitario.

En un lugar en donde no te pidan la tarjeta de crédito para darte sombra y aquí conviene aclarar esto, porque el término refugio climático se está utilizando con demasiada alegría

Un refugio climático no es un Centro Comercial o un Supermercado, ni tampoco una iglesia. No puede ser un lugar a donde acudes para pasar las olas de calor paseando entre los congelados de las vitrinas o las ropas de moda. Eso es un negocio con climatización y no un derecho, no un refugio climático que debe ser un espacio verde, seguro, accesible y público, donde compartir, reunirse y hacer barrio.

Estar fresquitos no debería ser utilizado para incitarnos a consumir. El verde tiene que llegar a los barrios donde más lo necesitan, sin expulsar a quienes los habitan como consecuencia de esa ciudad que ya no es habitable en sus barrios céntricos, ni como ciudad de sus habitantes, pues solo se cuida como zona para llenarla de turistas.

Los barrios deben tener zonas verdes de diferentes tamaños, también muchas zonas verdes pequeñas, plazas en relieve, ni verde plano de césped que parece pintado en el suelo. Deben tener diseño natural, zonas de descanso y de compartir, y sobre todo sombras bien diseñadas para que aprovechen los aires térmicos, las horas de sol bien diseñadas para invierno y verano, pues lo curioso es que tontos no somos, pero a veces solo prima el aspecto económico y rápido.

¿Para cuándo entrará la Salud Comunitaria, al menos a opinar, en los temas del diseño verde en Urbanismo?