La amabilidad de las ciudades se nota sobre todo en sus calles, en sus espacios públicos, en los lugares por donde pasan muchas personas.
Algo que nos podría parecer simple, sencillo; pero poner una docena de fotografías, un par de carteles explicativos y una pequeña escultura que era casi un ninot, para que los viajeros a los que les sobra el tiempo de espera en una estación, puedan pasar el rato libre, enterándose algo más de la importancia de un producto común, es añadir calidad a un tiempo que puede ser vacío.
Cuando una ciudad piensa en las personas, que no siempre lo hacen aunque siempre lo digan, está trabajando por la humanidad de las ciudades.
