En algunos países de Europa, y también en algunas zonas de Cataluña, es habitual ver fachadas que se convierten en lienzos en donde construyen obras que recuerdan oficios, escenas urbanas de personas y de soldados a caballo. Es una manera de ofrecer un plus al hecho de pasear por una zona céntrica de algunas ciudades, con trabajos artísticos sobre las fechas de grandes casas con cierto poder.
Estas fachadas pertenecen a una tradición europea de decoración mural arquitectónica. En muchos casos se realizan mediante esgrafiado, una técnica que consiste en superponer capas de revestimiento de distintos colores y raspar la superior para formar dibujos y figuras. El resultado convierte la pared en una obra artística integrada en la arquitectura, a medio camino entre la pintura, el relieve y el ornamento urbano. Muy común por poner un ejemplo cercano en Martorell de Barcelona.
Lo que se ve en esa fachada no es simplemente “un dibujo pintado sobre la pared”, sino una forma de ornamentación mural integrada en la arquitectura. En el caso concreto de la imagen es Múnich, de la fachada del edificio de Ludwig Beck, en Marienplatz 11, cuya decoración fue diseñada en 1956 por el pintor y artista gráfico Max Lacher mediante una técnica compleja de sgraffito combinada con incrustaciones de piedra; sus motivos geométricos evocan decoraciones renacentistas de fachadas palaciegas. Un trabajo pues del siglo XX, y no antiguo.
El nombre técnico más útil para explicar este tipo de trabajo es esgrafiado —en italiano sgraffito, y en alemán también se usa ese término en contextos artísticos—.
Consiste en aplicar varias capas de revoco o mortero de distintos colores y luego raspar o incidir la capa superior para que aparezca el color inferior y se formen dibujos, bandas, figuras o motivos ornamentales. Por eso el resultado está a medio camino entre la pintura y un relieve muy superficial: no es solo color, también es materia trabajada sobre el muro.
El esgrafiado es un arte decorativo de fachada que combina pintura, dibujo y trabajo sobre el revestimiento del muro para convertir el edificio en una superficie ornamental.
Eso explica por qué estas fachadas llaman tanto la atención. No son un adorno añadido sin más, sino una manera de hacer que la propia arquitectura “hable” visualmente, nos cuente historias o nos muestre personajes.
Conviene además distinguirlo de otra tradición centroeuropea parecida pero no idéntica: la Lüftlmalerei, típica del sur de Alemania y Austria. La Lüftlmalerei suele ser más claramente pintura mural al fresco o al temple sobre fachadas, muchas veces con escenas religiosas, figuras populares, marcos fingidos o arquitecturas ilusorias. En cambio, el esgrafiado depende más del raspado de capas y del juego entre colores del revestimiento. Las dos técnicas pueden parecerse a primera vista, pero no son exactamente lo mismo.
En ciudades europeas estas decoraciones tuvieron varias funciones a la vez. Servían para embellecer la casa, mostrar prestigio social, dar identidad a un edificio comercial o civil y, en muchos casos, enlazar con la tradición local. En esta fachada en Múnich, por ejemplo, la composición geométrica y las figuras no son casuales pues forman parte de un diseño pensado para convertir la fachada en una imagen reconocible del edificio qu son unos grandes almacenes.
En Cataluña esta tradición tiene un paralelo muy claro en los esgrafiats de muchas fachadas urbanas. Allí la técnica arraigó desde época moderna y tuvo un desarrollo importante en siglos posteriores, especialmente en contextos barrocos, neoclásicos y también en parte de la arquitectura del XIX y comienzos del XX. Barcelona conserva numerosos ejemplos de fachadas decoradas con este procedimiento.
El esgrafiado es un arte decorativo de fachada que combina pintura, dibujo y trabajo sobre el revestimiento del muro para convertir el edificio en una superficie ornamental.
Eso explica por qué estas fachadas llaman tanto la atención. No son un adorno añadido sin más, sino una manera de hacer que la propia arquitectura “hable” visualmente, nos cuente historias o nos muestre personajes.
Conviene además distinguirlo de otra tradición centroeuropea parecida pero no idéntica: la Lüftlmalerei, típica del sur de Alemania y Austria. La Lüftlmalerei suele ser más claramente pintura mural al fresco o al temple sobre fachadas, muchas veces con escenas religiosas, figuras populares, marcos fingidos o arquitecturas ilusorias. En cambio, el esgrafiado depende más del raspado de capas y del juego entre colores del revestimiento. Las dos técnicas pueden parecerse a primera vista, pero no son exactamente lo mismo.
En ciudades europeas estas decoraciones tuvieron varias funciones a la vez. Servían para embellecer la casa, mostrar prestigio social, dar identidad a un edificio comercial o civil y, en muchos casos, enlazar con la tradición local. En esta fachada en Múnich, por ejemplo, la composición geométrica y las figuras no son casuales pues forman parte de un diseño pensado para convertir la fachada en una imagen reconocible del edificio qu son unos grandes almacenes.
En Cataluña esta tradición tiene un paralelo muy claro en los esgrafiats de muchas fachadas urbanas. Allí la técnica arraigó desde época moderna y tuvo un desarrollo importante en siglos posteriores, especialmente en contextos barrocos, neoclásicos y también en parte de la arquitectura del XIX y comienzos del XX. Barcelona conserva numerosos ejemplos de fachadas decoradas con este procedimiento.
